Una aventura que solo puede descubrirse desde el mar.
El Campello guarda algunos de sus mayores tesoros para quienes se atreven a descubrirlo desde el Mediterráneo: 23 kilómetros de costa y 17 playas.
Subirse a un kayak y recorrer su costa es mucho más que una actividad deportiva. Es descubrir desde el mar uno de los enclaves arqueológicos más importantes de la costa mediterránea, explorar cuevas envueltas en misterio, navegar junto a antiguas torres defensivas y contemplar paisajes que inspiraron historias de princesas, piratas, monstruos marinos y pescadores.
Porque hay lugares que se visitan y hay otros que se viven.

Primera parada: La Illeta dels Banyets, donde comenzó la historia.
Antes incluso de iniciar la ruta, la silueta de La Illeta dels Banyets emerge frente al mar como un pequeño viaje al pasado.
Este yacimiento arqueológico, considerado uno de los más importantes del Mediterráneo español, ha sido habitado desde tiempos prehistóricos. Íberos, romanos y antiguas civilizaciones encontraron aquí un lugar privilegiado para comerciar, pescar y vivir junto al mar.
Mientras remas junto a sus rocas, resulta fácil imaginar embarcaciones cargadas de mercancías llegando a este pequeño promontorio hace más de dos mil años, cuando el Mediterráneo era la gran autopista comercial de la antigüedad.
¿Sabías qué…?

Durante generaciones, se ha susurrado con fervor que las enigmáticas piscinas esculpidas en la roca eran refugios de una reina mora, que se entregaba al deleite de un baño alejado de las miradas curiosas. Allí, envuelta en el murmullo hipnótico de las olas y la serenidad de este rincón costero, su espíritu danzaba con la libertad y la pasión que solo la naturaleza podía ofrecer.
Hoy sabemos que aquellas estructuras tuvieron probablemente un uso relacionado con actividades pesqueras y de conservación de pescado en época romana.
Sin embargo, cuando el mar permanece en calma y la luz del atardecer se refleja sobre la piedra, es fácil comprender por qué nació esta historia.
Segunda parada: Cala de l’Amerador: la memoria de los antiguos oficios.
Continuando la ruta hacia el norte aparece Cala de l’Amerador, un rincón tranquilo de aguas cristalinas cuyo nombre nos conecta con una tradición casi olvidada.
¿Sabías qué…?
Aquí se «ameraba» (poner a remojo) el esparto procedente de las sierras cercanas (Sierra del Xixi, Ballestera o les Puntes de Gosàlvez). Una planta fundamental durante siglos para la fabricación de cuerdas, cestos, alpargatas y numerosos utensilios de uso cotidiano.
Hoy el paisaje invita al baño y al descanso, pero durante generaciones fue escenario del trabajo diario de agricultores y artesanos que encontraban en el mar un aliado indispensable.

A medida que el kayak avanza, el paisaje comienza a transformarse…
Encontramos una costa más abrupta, donde las paredes rocosas se elevan sobre el Mediterráneo y pequeñas calas escondidas aparecen entre los acantilados.
Las aguas adquieren tonalidades turquesas y una transparencia sorprendente, convirtiendo esta zona en uno de los mejores lugares del municipio para practicar snorkel y observar los fondos marinos.
Tercera parada: La Cova del Llop Marí y el monstruo que aterrorizó a los pescadores
¿Sabías qué…?

Según cuenta la tradición popular, a finales del siglo XIX una extraña criatura marina habitaba esta zona de la costa. Los pescadores aseguraban que rompía redes, atacaba embarcaciones y aparecía entre las rocas cuando caía la tarde. Quienes afirmaban haberla visto la describían como un ser de aspecto lobuno, con ojos brillantes y enormes garras.
Con el paso de los años, el relato fue creciendo hasta convertir al Llop Marí en una de las leyendas más conocidas de El Campello y hoy en día puedes descubrirla con los/as más peques de la casa, gracias a nuestra Gymkana Pirata.
Cuarta parada: Torre de Reixes, vigilando el horizonte desde hace siglos
Muy cerca de la costa se alza la Torre de Reixes, uno de los testimonios más importantes del sistema defensivo que protegía este litoral.
¿Sabías qué…?

Durante siglos, las incursiones de piratas berberiscos fueron una amenaza constante para las poblaciones costeras del Mediterráneo.
Desde esta torre se vigilaba el horizonte en busca de embarcaciones sospechosas, permitiendo alertar a la población con tiempo suficiente para ponerse a salvo.
Sus piedras aún conservan el eco de aquellos tiempos inciertos en los que el mar era tan fuente de riqueza como de peligro.

El mar que dio vida a un pueblo
Mientras avanzas remando junto a la costa, resulta imposible no pensar en todas las generaciones de pescadores que navegaron por estas mismas aguas mucho antes de que existiera el turismo.
El Campello nació mirando al Mediterráneo.
Su puerto, la tradición pesquera, la lonja y las celebraciones vinculadas a la Virgen del Carmen siguen recordando una identidad marinera profundamente arraigada.

Cada cala, cada roca y cada cueva forman parte de una memoria colectiva transmitida durante siglos.
¿Vienes a descubrirlas?
Este post ha contado con la colaboración de Campello Surf Club, empresa SICTED de El Campello: https://www.campellosurfclub.es/

