A primera hora de la mañana, cuando el sol empieza a pintar de oro las aguas del puerto, El Campello despierta con el mismo ritmo que lo ha acompañado durante generaciones y con ese olor a sal que parece contar historias antiguas. En el puerto, ya después del mediodía, empiezan a sonar las primeras sirenas de los barcos que regresan con el fruto del mar y, en la lonja —la única en toda la Comunidad Valenciana que vende pescado directamente al público— comienza el movimiento: selección de las especies, etiquetado y pesado, …
Porque aquí, la pesca no es solo una actividad económica; es parte del alma del municipio, como lo demuestra el documental El Campello, una mar d’històries, que recoge casi dos siglos de vida marinera, de familias enteras ligadas al mar, de un oficio que dio forma a la identidad local.
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Pasear por el muelle o asistir a su subasta diaria, de lunes a viernes a las 18h, es hoy una experiencia turística única, y único vestigo de un modo de vida que sigue latiendo con fuerza en la herencia cultural de los campelleros.
Pero el Campello marinero también mira al futuro. A escasos metros del puerto, en aguas abiertas, flota uno de los viveros marinos más innovadores del Mediterráneo, gestionado por la empresa Avramar. En instalaciones se crían anualmente más de 5.000 toneladas de pescado bajo estrictos controles de calidad y sostenibilidad. Una tecnología puntera, supervisada desde tierra, que garantiza trazabilidad completa —desde el alevín hasta el consumidor.

Un vivero que, emblemáticamente, conecta con una historia aún más antigua. A apenas unos pasos del puerto, al pie de la Torre Vigía, se abre el yacimiento arqueológico de la Illeta dels Banyets, testigo silencioso de civilizaciones que habitaron estas costas hace siglos. Entre sus piedras, sorprendentemente bien conservadas, se encuentran los viveros romanos, auténticas joyas que nos hablan de la relación milenaria del hombre con el mar.
En época romana (siglos I‑II d.C.) se tallaron sobre la roca una red de balsas, comunicadas entre sí y con el mar mediante canales, diseñadas para mantener vivos ejemplares de pescado. Imaginarlas llenas de vida, bajo el sol mediterráneo, nos acerca a un pasado donde el mar era recurso, sustento y tesoro. Estos vestigios nos recuerdan que la producción y conservación del pescado en el litoral no es solo tradición; es una actividad estratégica y un legado vivo, que une a quienes hoy seguimos disfrutando y aprendiendo de estas aguas con quienes lo hicieron hace más de dos mil años.
El contraste entre la tradición artesanal de la lonja y la precisión tecnológica del vivero convierte a El Campello en un laboratorio vivo del mar, donde pasado y futuro conviven de manera ejemplar.
Quienes se acerquen al puerto pueden vivir esta conexión de muchas formas: asistir a la llegada de los barcos, comprar pescado recién descargado, degustarlo en los restaurantes del paseo marítimo o contemplar, desde la costa, el vivero marino que simbolizan una nueva era para la economía azul.
En El Campello, la historia y la innovación se entrelazan con el mismo hilo salado. Un destino donde se puede ver, aprender y saborear con sentido.

“ Estamos atados al océano. Y cuando volvemos al mar, ya sea para navegar o mirar, volvemos de dónde venimos. – John F. Kennedy.”








